Durante siglos, la universidad tuvo algo que casi nadie más podía ofrecer: acceso al conocimiento. Los libros estaban en sus bibliotecas, los expertos en sus aulas, y el título era la prueba de que alguien había pasado por ahí. Ese monopolio se está desmontando, y lo que sigue no es una discusión técnica: es una pregunta sobre para qué va a servir la universidad dentro de diez años.

Este artículo es una opinión, y la sostengo con datos de tres fuentes: el DANE, el Ministerio de Educación y el Foro Económico Mundial.

Primer dato: la IA ya llegó a millones de colombianos

Según la Encuesta de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en Hogares del DANE, en 2024 el 18,0 % de las personas de 5 años o más usó herramientas de inteligencia artificial a través de Internet. Lo llamativo es la velocidad con la que una tecnología tan nueva se volvió cotidiana.

Lo que esto significa para la educación: un estudiante con teléfono y conexión puede pedirle a una herramienta que le explique un tema de tres maneras distintas, le ponga ejercicios y le corrija errores a las once de la noche. Hace pocos años eso exigía un tutor privado. La información dejó de ser escasa. Lo escaso ahora es el criterio para elegirla, la disciplina para sostener el estudio y alguien que valide lo que de verdad se sabe.

Segundo dato: el mundo del trabajo se mueve más rápido que un plan de estudios

El informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial proyecta que, entre 2025 y 2030, la creación y destrucción de empleos por transformaciones estructurales equivaldrá al 22 % de los empleos actuales: 170 millones de empleos nuevos y 92 millones desplazados, con un saldo neto de 78 millones. Y estima que, en promedio, el 39 % de las habilidades que hoy tiene un trabajador se transformará o quedará obsoleta en ese mismo período.

Fíjate en los plazos. Quien entra hoy a una carrera de cinco años sale justo cuando esa transformación ya ocurrió: el plan de estudios se diseñó antes de que empezara el cambio y se termina después de que el cambio pasó. No hablo de una carrera en particular, hablo de la escala de tiempo, y esa escala obliga a preguntarse cuánto de lo que se enseña hoy seguirá vigente en el momento de graduarse.

Lo que la cifra no dice, y conviene decir

Para ser justos con los datos: el mismo informe señala que esa “inestabilidad de habilidades” ha bajado respecto de ediciones anteriores, del 57 % en 2020 al 44 % en 2023 y al 39 % ahora. Son las proyecciones de más de 1.000 empleadores de 55 economías, consultados a finales de 2024, y también registran que cada vez más trabajadores (el 50 %, frente al 41 % en la edición de 2023) han completado algún tipo de formación o actualización. Lo leo así: el cambio es grande, pero gradual, y en ese cambio actualizarse ya es parte normal de trabajar. Eso presiona a las instituciones que solo ofrecen formación larga y de una sola vez.

Tercer dato: el acceso a la universidad todavía deja a mucha gente afuera

Según el SNIES del Ministerio de Educación, en 2023 había 2.475.833 estudiantes matriculados en educación superior y la tasa de cobertura se ubicó en 55,38 %, con un crecimiento de apenas 0,45 puntos porcentuales frente a 2022. Es un indicador de acceso, no el porcentaje exacto de jóvenes que estudian, pero muestra algo claro: un país que crece lento en cobertura tiene buenas razones para pensar en formatos más cortos, más flexibles y más baratos de llegar, que sirvan a quienes no pueden pagar cinco años de dedicación completa.

El argumento más serio en contra: la brecha

Aquí está la objeción que más me incomoda, y los propios datos la sostienen. Ese 18,0 % de uso de IA se divide así: 20,4 % en las cabeceras municipales y 8,1 % en centros poblados y rural disperso. En conexión a Internet pasa algo parecido: en 2024, el 65,6 % de los hogares colombianos tenía acceso, pero la cifra era de 72,5 % en cabeceras y de solo 41,9 % en centros poblados y rural disperso.

Es decir: la promesa de que “la educación está cada vez más cerca de todos” es cierta para unos y todavía lejana para otros. Si reinventamos la universidad sin atender esa brecha, reinventaremos la ventaja de quienes ya la tienen. Y aun con acceso, un estudiante con buen acompañamiento usará la IA para aprender más, y otro, sin guía, puede usarla para copiar y no aprender.

Lo que defiendo, y lo que no

No digo que la universidad vaya a desaparecer ni que estudiar una carrera sea una mala decisión. Una universidad ofrece lo que una herramienta no da: comunidad, mentores que te conocen, laboratorios, práctica supervisada y, en profesiones reguladas como medicina o derecho, el título que la ley exige. Lo que sí creo es que los programas tendrían que moverse en tres direcciones:

  1. Ciclos más cortos y acumulables. Certificados de menor duración que sumen hacia un título, para actualizarse sin repetir cinco años y para que más personas puedan entrar por una puerta más pequeña.
  2. Menos énfasis en transmitir información y más en evaluar criterio. Si la información está en todas partes, el valor del aula está en la discusión, el proyecto y la crítica.
  3. Currículos que se revisen con frecuencia, con la industria y los egresados en la conversación, y con acompañamiento real para quienes más lo necesitan.

Qué significa esto si estás en once

La conclusión no es “mejor no estudiar”. Es elegir con los ojos abiertos: pregunta cómo actualiza cada programa su contenido, qué opciones de ciclos o certificaciones ofrece, y recuerda que el título es el comienzo del aprendizaje y no el final. La habilidad que mejor envejece es aprender a aprender, que es justo lo que el Saber 11 intenta medir cuando pide razonar sobre textos, datos y situaciones. Puedes ver qué opciones te abre tu puntaje en nuestra calculadora de universidades, y cómo se forma en este artículo.

Fuentes

Las cifras del DANE y del Ministerio de Educación son mediciones oficiales. Las del Foro Económico Mundial son proyecciones construidas con la encuesta a empleadores de su Future of Jobs Survey 2024.

Una pregunta para el debate

Si pudieras diseñar un programa universitario desde cero para quien empieza hoy, ¿cuánto duraría y qué incluiría? Me interesa saber qué piensan estudiantes, familias y docentes. Cuéntanos por WhatsApp.

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